El Lobo Estepario

Tienes razón, Lobo Estepario, mil veces razón, y a pesar de todo debes desaparecer. Quien quiera vivir en la actualidad y sentirse contento con su vida, no puede ser una persona como tu o como yo. Quien exige música en lugar de ruido, alegría en lugar de diversión, alma en lugar de dinero, trabajo verdadero en lugar de ocupación, pasión autentica en lugar de jugueteo... para él este mundo no es un bonito hogar. Hermann Hesse, "El Lobo Estepario"

lunes, enero 16, 2006

El 54 de Massachusetts


Durante la guerra civil norteamericana, uno de los motivos de conflicto entre muchos otros, era la consideración de las personas de color como hombres libres con plenos derechos (unionistas) o esclavos al servicio de los hombres blancos (confederados o rebeldes). Curiosamente, incluso entre los más fervientes defensores del presidente Lincoln y su abolicionismo de la esclavitud, esta defensa de los "negros" era más teórica que otra cosa. De hecho, ni siquiera se les permitió, en principio, tomar parte en la lucha como miembros del ejercito regular de la Unión. En el mejor de los casos trabajaban de enterradores, limpiadores y otros trabajos manuales "deshonrosos". Los hombres blancos se mataban entre ellos a miles para decidir sobre otros hombres a los que no se les daba el derecho a intervenir.
En ese contexto fue creado en 1863 un regimiento pionero, compuesto únicamente por soldados de color, el 54 de Massachusetts. Lo que en principio fue un gesto de cara a la galería, ideado para desfilar y acallar voces y conciencias, hizo historia cuando estos soldados exigieron su derecho a ser tratados en igualdad de condiciones que los blancos. Y no hablamos de idealismos. No sólo pedían una equiparación de las condiciones de vida. Lo que pedían era algo más: el derecho a luchar, y si es necesario morir, por sus ideas, por su dignidad y por su concepción de la justicia. Y asi fué, el sacrificio de esos pioneros abrió el camino de lo que hoy consideramos evidente y obvio. Pero no hubiera sido posible sin ellos.
Esta es una buena metáfora de lo que se suele decir "del dicho al hecho hay un trecho". Analizar, comprender, entender, una situación injusta no es suficiente. Aceptar pasivamente la opresión equivale a justificarla. Hay que poner los medios para que esa injusticia desaparezca o al menos se minimice. No es excusa coherente el que uno no pueda ver los resultados de su esfuerzo. Es una cuestión de principios, no de resultados finales. Uno de los padres de la constitución americana, Thomas Jefferson decía "la grandeza de un hombre se puede medir por su capacidad de implicarse en empresas que considere justas aunque no le reporten un beneficio propio".

2 Comments:

At 7:25 p. m., Blogger JuanJosé said...

Sinceramente magistrál.

 
At 10:09 p. m., Anonymous Anónimo said...

Muy bueno todo lo que dijiste hermano y las palabras de Jefferson al final. Excelente. Cristo tenga en la gloria a los del 54.

 

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